domingo, 19 de abril de 2026

BROMAS Y CHANZAS DE LOS MOZOS DE ANTAÑO

 ALGUNAS BROMAS Y CHANZAS  

(“Juventud, divino tesoro”)

    Ángel Fraile

    Las bromas y el buen humor siempre han sido cosas de jóvenes, al menos es lo que recuerdo yo de mi juventud. El fin de estas burlas o guasas, siempre era festivo, es decir, para pasar un buen rato. Claro que en las bromas siempre hay dos partes: El que la hace y se divierte, y aquel que la recibe, muchas veces con desagrado. Podemos decir que hay “Bromas” y “Bromas”, depende del nivel que se ponga. Un buen ejemplo, para que todos se ilustren, son las bromas que contaba el gran humorista “Gila”. Bueno, esas podían considerarse de nivel, y que afortunadamente no se llevan a cabo en la práctica.

    ¿Quién de los que lean esto no ha sido alguna vez joven? Seguro que todos, al menos una vez, y aquellos que no lo han sido es que todavía no han tenido tiempo…porque son unos niños, y esos me parece que no van a leer esto.

    Pues eso, que los jóvenes de antes, para divertirse, como no tenían tantos aparatos electrónicos como ahora, tenían que cavilar y pensar para poder pasar la tarde, y siempre había alguno de la cuadrilla que destacaba en este arte, y tenía sacaba idea para hacer alguna broma a algún amigo o compañero. No me refiero cuando ya se habían tomado varios vinos o limonada en las fiestas; por entonces casi ni existían las que ahora llaman bebidas “espirituosas”. Aclaro, que un servidor tenía ciertas dudas de lo que significaba esta palabra, que hoy se usa mucho, por lo que he recurrido al diccionario, y dice, que “espirituoso” significa: “vivo,” “animado”; se referirá a los efectos que produce la bebida alcohólica. Aclarada la duda para aquellos que estabais como yo. Entonces, digo yo que la limonada era una bebida espirituosa, aunque no lo supiéramos.

Jóvenes en plena celebración, en el salón de baile de Serapio

    Seguimos con aquellos jóvenes de hace años, por ejemplo, de Vallelado, donde en los días festivos gastaban bromas, a veces un poco de mal gusto. Expongo aquí, o algunos ejemplos para refrescar la memoria de muchos; por respeto no doy los nombres de los autores y protagonistas, para que nadie se ofenda. Si alguno de esos jóvenes, hoy ya no tanto, lee este comentario, seguro que le vendrá a la mente la película de la chanza y de las consecuencias, si las hubo, y como no de lo que se divirtieron a costa de los demás. 

    Los mozos que llegaban a casa de madrugada, que generalmente estaban en el propio pueblo, en el baile o de fiesta, después de la danza, cuando ya a altas horas de la madrugada, el estómago también cantaba y había que hacerle caso. Eso lo sabían bien nuestras madres, que dejaban preparada la cena para cuando volviésemos, bien encima de la mesa, en la despensa o en el hornillo de la cocinilla. Ya se sabe que con el estómago vacío se duerme mal.  Esta costumbre de dejar la cena preparada era sabido por todos, y en más de una ocasión se entraba en casa de aquellos, cuando estos estaban en plena fiesta. A esas horas, los padres estaban descansando generalmente en la sala de arriba de la casa.  Advierto, que antes todas las puertas de las casas se quedaban abiertas, sin echar la llave, sobre todo durante el día. Aprovechando esta facilidad, el autor, o autores de la broma, entraban en la casa con sigilo, para dar cuenta de la cena que había destinado alguna madre para su hijo. Unos eran los grandes protagonistas que llenaban su andorga, y otros los que vigilaban a la inocente víctima cuando estaba divirtiéndose, para que no les sorprendiesen. 

Un grupo de jóvenes de Vallelado, con traje de fiesta

    Claro está, que alguien se había ido de la lengua diciendo que su madre le dejaba la cena preparada en la mesa de la cocina. Quizás, el propio lo había contado inocentemente, pero siempre hay personas que se aprovecha de la inocencia de los demás. Ya se sabe que no se deben dar pistas al “enemigo”, que siempre está al acecho. Una vez tocaba a unos y otras a los demás. Esta no era una broma demasiada pesada, pero al que le tocaba se iba a la cama sin cenar, pensando quien habría sido el o los autores, que casi siempre al final se llegaba a descubrir. Nos cuenta uno de estos que su madre le dejaba en un plato con dos huevos fritos con su correspondiente pan, guardados en el horno de la cocina de leña. Cuando llegó, a las tantas, descubrió con sorpresa que solo estaba el plato, pero sin nada. Tan solo se notaba mínimamente que algo bueno había contenido hasta hacía poco tiempo, porque el que la había sufrido la broma también la había hecho en alguna ocasión. 

    Los padres, que se enteran de casi todo, aunque a veces no lo parezca, habían dejado una silla por dentro pegada a la puerta, para cuando entrase el mozo, al arrastrar esta, sabían que había llegado. De todas formas, hay un momento en la noche, que si estamos dormidos profundamente no nos enteramos de nada, y de esto se aprovechaban para hacer la broma, sin que los padres se enterasen. Si en algún caso se daban cuenta de que alguien había entrado, le llamaban por el nombre desde arriba, los extraños salían corriendo y no pasaba más. Los padres pensarían que se habían despertado soñando, y habían oído ruido donde no le había.

    Los jóvenes de ahora, me parece que no gastan estas bromas. Espero que ninguno tome nota, y se le encienda la bombilla. Ahora estamos en otros tiempos.