miércoles, 25 de marzo de 2026

CARLOS BAEZA REVALIDA EL TÍTULO DE CAMPEÓN DE ESPAÑA DE CLUBES

NUEVO TRIUNFO PARA  CARLOS BAEZA 

“VAMOS A LA CUEVA DE LA MORA...” ¡QUE TIEMPOS!

     Ángel Fraile

    No recuerdo, si cuando éramos niños, nos ponían en la escuela deberes para casa; seguramente que sí. Pero después de la escuela, muchos niños, íbamos a lo que se llamaban clases particulares, o “permanencias”, para reforzar algunas asignaturas que se nos atravesaban, o las matemáticas, que no entendíamos y nos costaba meterlas en la cabeza. Siempre ha sido así. Lo que está claro es que sin esfuerzo las cosas no salen, ahora y siempre. Me refiero en todos los aspectos de la vida. Después de conseguir algo con tesón y trabajo, la satisfacción es mayor. 

Entrada de la Cueva de la Mora

    Aquellos, eran otros tiempos, y generalmente los maestros vivían en el propio pueblo y además daban clases particulares, a los niños que iban un poco atrasados. Esto era una ventaja porque el maestro dedicaba todo el tiempo a unos pocos alumnos. Aclaro que las aulas no eran mixtas como ahora. Había aulas de niños y otras de niñas. Yo recuerdo con cariño a alguno de mis maestros que los de mi época también recordarán: D. Saturnino, D. Antonio de la Rosa, D. Gonzalo…Yo no estuve más que hasta los 10 u 11 años, pues luego me marché a estudiar fuera. Todos los maestros, cada uno con sus particularidades tomaban su oficio muy en serio y trataban de que aprendiéramos las distintas asignaturas. No teníamos los medios de ahora, pero salimos adelante y aquí estamos. 

    Después de la escuela, tras coger la merienda, ibamos a jugar con los amigos a la calle. Entonces no nos hacía falta lo que ahora se llama “Educación Física”. La gimnasia la hacíamos después de la escuela, corriendo, subiéndonos a los árboles o a la cuesta. La cuesta la teníamos frente de la escuela, como ahora, y subíamos al derecho por la empinada pendiente. De vez en cuando algún resbalón, pero sin consecuencias. Cuando llegábamos arriba, boceábamos a los que estaban abajo, para ver si nos oían. Arriba en el llano, había bastantes piedras, más que ahora, y algunas de gran tamaño. Toda las que tenían una forma un poco regular, las tirábamos cuesta abajo rodando, y jugábamos a ver la de quien llegaba más lejos. Por eso ahora no se ven grandes piedras. Casi todas las tiramos rodando por la ladera. 

    Cuando nos habíamos cansado o hartado de tirar piedras, íbamos a la cueva de la Mora, que estaba en el otro extremo del llano, mirando al sur, al mediodía.

La Cueva de la mora  
     
Los mayores y nuestros abuelos nos contaban la historia de la Cueva de la Mora, y nosotros estábamos extasiados y entusiasmados cuando la escuchábamos. Nuestra imaginación nos hacía trasportarnos a otros tiempos, cuando los árabes estuvieron por aquí, hace ya muchos siglos. La cueva de la Mora es una cueva de origen natural, a la que hay que entrar agachados, pues tiene poca altura. Agachados, algunos llegaban hasta el final, pero a mi me daba miedo y no entraba más que unos metros. Si algún día se ponía a llover, nos quedábamos refugiados viendo como llovía, y allí estábamos hasta que escampaba. Arriba de la cueva, a pocos metros había una gran roca o piedra en la cual estaba clavado un puñal, que sobresalía de la piedra unos centímetros. No sabíamos quién ni como habría podido clavar un puñal en una piedra, pero nosotros imaginábamos que tenía que haber sido una persona muy fuerte. Intentábamos sacarlo con las manos, pero ni se movía. Las visitas a la cueva de la Mora y este lugar del puñal eran bastante frecuentes a lo largo del año, sobre todo en el buen tiempo. Allí jugábamos sin peligro y estimulando nuestra imaginación de forma natural. 

En la cueva de la Mora- año 2002

    Así, en contacto con la naturaleza, junto con nuestros amigos íbamos socializando y aprendiendo a vivir y conocer nuestro pueblo y su entorno. Hoy los tiempos son diferentes, pero si que hecho en falta que los niños, salgan más al campo y conozcan el territorio donde viven, para así amar y valorar el lugar donde se nace o se vive cuando somos niños. Conocer la historia, las costumbres y tradiciones nos sitúa dentro del terruño, y cuando por circunstancias hay que salir a estudiar o trabajar o por otros motivos, siempre recordamos con cariño nuestras raíces, estimulando nuestra imaginación, y recordando aquellos felices años. 

Vista al mediodía de la Tierra de Pinares, desde la Cueva de la Mora


miércoles, 18 de marzo de 2026

MARIANO (MANETE), EL ULTIMO PIÑONERO Y CARAMELERO DEL HENAR



 Fachada del Santuario Mariano del Henar

   Ángel Fraile

    El Santuario de Nuestra Señora del Henar, es una seña de identidad para toda la comarca cuellarana. Hace ya unos años que los últimos frailes Carmelitas, dejaron el santuario, ya debido a la edad y al no haber relevo generacional o vocaciones. Nuestra Señora del Henar, es la patrona de la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar, que comprende 36 pueblos de las provincias de Valladolid y Segovia. también es patrona de los resineros, un oficio que fue muy importantes en muchos de estos pueblos, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX. Ahora todavía existe algún resinero en esta Zona de Pinares, pero ya con otros métodos de trabajo no tan duros.

    Actualmente el Santuario se va manteniendo con ayuda de voluntarios y con los sacerdotes de Cuéllar, que acuden a celebrar misa, ayudados por D. Maximiliano Barrio, natural de Cuéllar y que acude todos los domingos y fiestas, desde Valladolid, a celebrar misa a las 12:30. Todos los días festivos del año se acercan al Henar cantidad de devotos venidos de toda la comarca, sobre todos en los meses de primavera y verano, cuando hay muchas personas de vacaciones. Actualmente hay una religiosa que es la encargada de cuidar el santuario y de atender a las personas que se acercan. La venta de recuerdos, la llevan voluntarios de la zona.

A la puerta del Santuario

 Una persona que no falla, ningún día festivo, y ya desde hace mucho tiempo, es Mariano Ortega, por todos conocido como “Manete”. Es natural de Vallelado, y allí frente al mismo santuario está con su puesto de piñones, obleas, avellanas y un sinfín de dulces para todo el que quiera. Mariano lleva desde hace 50 años acudiendo puntualmente, por lo que todos le conocen y se acercan a saludarle, y si además le compran algo, pues mucho mejor. Manete tiene muy buen humor y no le importa ni el frio ni el calor, porque lo hace con gran ilusión. Me cuenta, que cada día que acude, antes de que empiecen a venir los visitantes, lo primero es dejar la furgoneta en el lugar de siempre y dirigirse a la iglesia a visitar a la virgen. Después, abre la furgoneta, extiende un toldo que tiene adaptado y pone el puesto con sus garrapiñadas, avellanas, piñones, obleas, y pastas elaboradas en la zona, etc. De cara a la fachada del santuario, y desde allí divisa a todos los que acuden. No falta nunca gente que se acerque, bien antes o después de misa. Los abuelos  acuden con sus nietos, y los padres con niños pequeños, sobre todo en el buen tiempo. Se acercan a comprar algo para ellos; no faltaba más. 

    Recuerda Mariano con cariño, las últimas visitas pastorales, del obispo de Segovia, D. Luis, que  estuvo saludándole y charlando un momento con él. 

    Estamos en la llamada Tierra de Pinares, por lo que el rico fruto seco que se extrae de las piñas albares se ha consumido frecuentemente de manera tradicional por todos los pueblos, y en todas las festividades que se precien, y como no también en el Henar. Recordamos con cariño a aquellos piñoneros que iban con su criba y unas medidas de madera vendiendo el sabroso fruto seco, hoy casi prohibitivo por su gran precio. El rico piñón tostado hacía las delicias de todos los que les probaban. 

    Por cada bolsa o media de piñón te daban la chapita metálica para poder abrirlos sin problema, y si no con una navajilla, que también podías comprar en la sala de recuerdos del Henar. 


    La tradición de los carameleros en las grandes festividades del Henar viene de muy antiguo, pero los nuevos tiempos han hecho que esta costumbre se vaya perdiendo. 

Mariano en su puesto, en el Henar

    Ahora, en el día grande  de la celebración del Henar, en el mes de septiembre, acuden distintos comerciantes que ofrecen  todo tipo de artículos y viandas, en los alrededores del santuario. Los nuevos tiempos traen nuevas costumbres, pero seguimos recordando aquellas con cariño cuanto éramos niños e íbamos con nuestros padres y abuelos, viajando en carro, que era el vehículo más habitual. 

    Uno de los últimos piñoneros que hemos conocido, ya hace unos años, ha sido Valerio San Miguel, natural de Mata de Cuéllar. También vendía otros frutos secos típicos en las fiestas del Henar, como eran las ricas avellanas tostadas. 

Valerio San Miguel, con la criba

Medidas tradicionales para la venta de piñones


viernes, 13 de marzo de 2026

RECONOCIMIENTO DEL AYUNTAMIENTO A CARMELO POR SU 100 CUMPLEAÑOS


 

RECORDANDO A LUIS BAEZA GONZÁLEZ

       

Luis Baeza González

       Ángel Fraile

    El gran impulsor de la pelota en Vallelado, como todos sabemos, fue Luis Baeza, que dejó tras de si un gran trabajo hasta hoy en día, donde Vallelado es un gran referente de la pelota en España.

    Indagando en la hemeroteca, me he topado con una noticia, que, aunque breve, es a la vez cercana y emotiva, y hace referencia a la figura de Luis Baeza González. Luis, podíamos decir que fue el primer alcalde democrático de Vallelado, tras la constitución de 1979. Estuvo de regidor desde el año 1979 al 1983, cuando le sustituyó José Luis Fraile.

    El primer frontón al aire libre se construyó en 1972, cubriéndose en los años 1979 y 80, todo un logro para que los aficionados a la pelota y el equipo pudieran jugar y entrenar, sin estar pendiente del tiempo, y a cualquier hora del día o de la noche.

    Al fondo a la derecha de esta fotografia, podemos ver la Cruz de Los Pradillos, en su anterior ubicación, y que se retiró cuando se cubrió el fronton, trasladándose a la plaza del Barruelo donde hoy se encuentra. 

    En el mes de marzo del año 1978, el diario segoviano “El Adelantado de Segovia” en su sección deportiva, refiriéndose a la intervención de Luis Baeza junto con su hermano Carlos en el Camponato de España de Federaciones de pelota, titulaba: 

UN ALCALDE PELOTARI