jueves, 3 de septiembre de 2026

TODO QUEDÓ EN UNA DIVERTIDA ANÉCDOTA

UNA ANÉCDOTA DE HACE 25 AÑOS, AFORTUNADAMENTE SIN CONSECUENCAS.

        Ángel Fraile

    Ahora que ya están cerca las fiestas grandes de Vallelado, expongo  un hecho divertido, ocurrido en las fiestas del año 2001, en la corrida de rejones, que se desarrolló el domingo 16 de septiembre de ese año. Esta, es de forma textual la anotación que hice aquel año en mi cuaderno, y que ahora rescato para rememorar aquel hecho, que afortunadamente quedó en una divertida anécdota, aunque podía haber tenido consecuencias graves. Muchos todavía lo recordarán, aunque se hayan perdido algunos detalles, que yo anoté en aquel momento.

     “Viene siendo habitual en las fiestas de la Exaltación de la Santa Cruz del mes de septiembre, que se celebren dos corridas de toros, el sábado y el domingo, además de los dos encierros por el campo, por la mañana.

    El sábado se celebró una novillada en la plaza portátil instalada en las Huertas Rojas.

    El domingo, este año el 16 de septiembre, hubo corrida de rejoneo, según la costumbre de los últimos años. El rejoneo a caballo atrae a bastante gente, aunque en esta ocasión la plaza se llenó ·/4 del aforo total.

    La corrida de rejones se celebra mano a mano entre dos caballistas, que este año 2001 han sido Iván Magro y Genaro Tent.

    Un hecho divertido, ocurrió en el segundo toro, pudo ser una cosa seria, pero todo quedó en un buen susto, sobre todo para algunos.

    Una de las numerosas veces en que se abren las puertas de la plaza, para que el rejoneador cambie de caballo, el toro que estaba muy pendiente del cambio, una vez que vio que se abrían las puertas y antes de poder cerrarlas, el morlaco hecho a correr desde el medio de la plaza y dando un gran salto pegó contra las puertas que estaban casi cerradas, saliendo detrás del caballo, como alma que lleva el diablo, ante la mirada y el asombro de todos los espectadores; hay que señalar que el toro llevaba encima clavados al menos dos rejones, pero no le impidió salir a toda máquina.

    El toro, en vez de correr campo a través, se dio una vuelta por las calles del pueblo, sorprendiendo y asustando a  más de una persona. Subió por  el Barruelo a la Calle de Burgos y carretera arriba hasta la puerta de la farmacia más o menos. Luego emprendió carretera abajo, hasta llegar a dar a la parte de atrás de la plaza de toros.

    La cuadrilla del rejoneador salió de la plaza para intentar sujetar y matar al novillo, que se había metido en una tierra de remolachas, junto a la casa de José M.ª Muñoz.

    Una estampa curiosa, era ver desde la propia  plaza de toros, a los toreros toreando al animal en medio del remolachal.

    Por fin lograron clavarle una espada y el toro cayó al suelo. Posteriormente una pala excavadora  lo recogió rápidamente en la pala, trayéndole a la plaza de toros. Cuando todos creíamos que el novillo estaba muerto, este se levantó como si nada, prosiguiendo el rejoneador  la faena que le pertenecía, y dando muerte definitiva al bicho.

    Lo que ahora cuento nos parece divertido, pero bien podía haber desencadenado alguna desgracia por las calles del pueblo, y si no que se lo pregunten a Marcelino Fraile Rincón, y a todos aquellos que se vieron de cara con el toro; cosas que pasan en los pueblos y que, gracias a algún Ángel Custodio, ha quedado en una bonita anécdota”.