Ángel Fraile
En algunas ocasiones, me paro a pensar que muchas veces usamos la cabeza, simplemente para peinarnos, si tenemos pelo, o para llevar el sombrero, la visera o la gorra. Sin embargo, esa no es la función más importante de nuestra mente. En un mundo materialista y egocéntrico en el que vivimos y en el que estamos metidos de lleno, hay momentos que tenemos que pararnos a reflexionar, cuál es el sentido de nuestra vida. Pongo un ejemplo real de un hecho que me encontré un día en plena calle. Cuando vamos paseando, vemos cantidad de circunstancias de otras personas que pasan a nuestro alrededor y a veces ni siquiera las miramos y analizamos sus circunstancias personales.
Al volver una esquina, veo a unos metros a una persona invidente, con su bastón blanco, que venía por una acera, más bien ancha. A esta persona la he visto más veces por los alrededores porque vive por la zona. Veo que viene de frente a mí, y que, en la gran acera, hay un carro donde un empleado del ayuntamiento había descargado una máquina de cortar la hierba de los jardines y está trabajando a pocos metros. La persona invidente iba acercándose peligrosamente al carro metálico aparcado en el medio de la acera. Me apresuro y me acerco al invidente, dándole los buenos días y le digo que pare un momento ya que hay un obstáculo no señalizado en la misma acera. El hombre me da las gracias, y me dice que le acerque a la esquila del edificio, y que desde allí ya se orienta. Me explica que ya le ha ocurrido más veces, y que le ha dicho al empleado del ayuntamiento, que por favor aparque el carro en otro lugar que no le impida caminar y chocar contra él. Me comenta que no le han hecho ni caso, pues siguen aparcando en el medio. Otra persona que pasa por allí comenta enfadado lo mismo.
Este es un ejemplo más de que a veces no tenemos en cuenta a estas personas que necesitan nuestra ayuda y que debemos de facilitarles el camino y no poner obstáculos en las aceras, donde puedan accidentarse. Al menos estos obstáculos deben estar señalizados para que ellos puedan reconocerlos. Podíamos poner muchos ejemplos más. Si que es verdad, que se ha avanzado mucho en las ciudades para facilitar el tránsito de las personas con discapacidad, pero todavía falta mucho por hacer. Imaginemos que, por un solo día, o unas horas, nos tapasen los ojos con una venda y nos obligasen caminar por nuestras ciudades. Ahí nos daríamos cuenta de las dificultades que les ponemos a estas personas. Seguramente, que cuando nos destapasen los ojos, seríamos más empáticos con los invidentes, o con los que tienen que utilizar sillas de ruedas u otras personas con discapacidad. Por supuesto que la persona de la que hablo me dio las gracias cuando le acerque a la esquina del edificio, y me dijo que ya podía caminar solo, pues estaba bien orientado.
Podemos considerar la empatía como una virtud. En pocas palabras, significa ponerse en el lugar del otro. Pensar cómo te sentirías en su misma situación. Es comprender a la otra persona. Según el diccionario de la RAE, la “Empatía” es:” La capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”.
Puede que alguien comente que este pequeño artículo o comentario nada tiene que ver con Vallelado, pero seguro que alguno lo lee con interés porque forma parte de la vida cotidiana, y con eso me basta. No pretendo que todo el mundo lo lea. Este Blog de noticias y emtretenimiento, no es ninguna página oficial, por lo que tengo cierta libertad para comentar y escribir cosas que pueden interesar a alguien y ser útiles, se refieran a Vallelado o a otro lugar. Gracias
