domingo, 10 de mayo de 2026

DOÑA FUENCIS, UNA MAESTRA COMO LAS DE ANTES


 
Foto actual de Doña Fuencis

       Ángel Fraile

    Si acudimos al diccionario de la Real Academia de la Lengua, comprobamos que la palabra “Maestro”, tiene varios significados o connotaciones. Hoy quiero referirme más concretamente, a los que hasta hace pocos años conocíamos como “Maestros” o si nos remontamos muchos años atrás “Maestros de Escuela” o “Maestros Nacionales”.  

    La palabra maestro en una de sus acepciones dice: “Persona que enseña una ciencia, arte u oficio, o tiene título para hacerlo”.

    Los que ya tenemos una edad, siempre hemos hablado de nuestros maestros, como aquellos que nos enseñaron, a leer y escribir, y luego las materias propias, para poder manejarnos en la vida adulta. Hoy, esta palabra parece que está en desuso y se habla de “Profesores”, pero a mí me cuesta hablar de los maestros que tuve, denominándoles “profesores”.

    Lejos quedan afortunadamente, aquellos años en que se hacía realidad un dicho no muy afortunado para ellos…"Pasar más hambre que un maestro de escuela". Gracias a Dios aquellos tiempos quedaron atrás, y hoy es una bonita profesión, yo diría que muy vocacional, con la que se puede vivir, creo que decentemente. 

    Todos recordamos a estas personas que nos enseñaron, y con los que convivimos durante muchos años, cuando acudíamos a la escuela. 

    Estos primeros años, de vida, son recordados con cariño, y así mismo a aquellos maestros que vivían en el propio pueblo. Cada uno de ellos era un vecino más de Vallelado. El contacto tanto en la escuela como a lo largo de los días era muy estrecho. Cada uno, con sus distintas formas de ser y de enseñar, al igual que ahora.  Volvemos a acudir de nuevo al rico refranero, y en esta ocasión viene a cuento aquel que dice que: “Cada maestrillo tiene su librillo”, pero la intención y el fin de todos era el mismo, enseñar.

 Recien llegada a Vallelado, curso 1969-1970

    Sin desmerecer a ninguno de los maestros que han pasado por Vallelado, que han sido muchos, hoy me toca hablar de una de estas maestras que más años estuvo y que vivió entre nosotros, durante la mayor parte de su vida de enseñanza. Me refiero a Fuencisla Gómez Bayón, conocida por todos, como “Doña Fuencis”. En general a todos los maestros se le anteponía al nombre el Don o Doña, pienso que con toda la razón. 

    Doña Fuencis, nació en Segovia, en pleno casco antiguo, muy cerca de la plaza Mayor y de la catedral. Sus padres fueron Clemente y Anastasia, ambos de raíces segovianas. Él, de Sauquillo de Cabezas, y Anastasia, de Bernuy de Porreros. 

    Como buenos segovianos, eligieron para su hija un nombre de la tierra,” Fuencisla”, la patrona de la ciudad, posiblemente el nombre de mujer más común en la ciudad del acueducto, al menos hasta hace unos años.

    Fuencisla pasó parte de su infancia  en Sauquillo de Cabezas, llegando con tan solo 5 años, cuando ya estaba jubilado su padre de Guardia Civil. Allí continúo Clemente  trabajando de zapatero y guarnicionero, profesión que había heredado de su padre.  Con catorce años toda la familia se traslada de nuevo  a Segovia, y Fuencisla comienza a estudiar en el colegio en las Hermanas Jesuitinas, donde se forma como  Maestra. 

    Terminada su formación, en el año 1964, había que comenzar a trabajar, y su primer destino fue un pueblecito del norte de Burgos, llamado Pereda. Llegó a este pequeño lugar en el autobús de línea, quedando sorprendida cuando el conductor paró a cierta distancia de este y tuvo que seguir andando con su maleta de la mano. Allí no la recibió nadie, teniendo la impresión de que había llegado a un pueblecito desierto. No vio  persona alguna para poder preguntarle, hasta que  por fin apareció alguien quien le dijo que allí no había colegio. Que decepción.  Tuvo que ir hasta Covarrubias para tomar posesión de  su nueva plaza, y allí estuvo de maestra solamente un curso. Su segundo destino le llevó hasta  tierras catalanas a un pueblecito de Barcelona. Enseguida vuelve a sus raíces, siendo destinada en Segovia. Su último destino profesional, fue Vallelado, que según me cuenta casi ni sabía dónde estaba situado el pueblo, tan lejano de la capital; venía a la aventura como suele decirse.

Curso 1971-1972

    Tomo posesión de su definitivo destino el 1 de septiembre de 1969. Por entonces, en Vallelado había muchos niños, como en casi todos los pueblos, y en total eran cinco los maestros. Tengo que destacar, en honor a la verdad, que Fuencis tiene una sorprendente memoria, y recuerda con cariño a sus primeros compañeros de profesión en Vallelado: D. Antonio de la Rosa, Doña Rosa Cid, Don José M.ª Sainz y Doña Beatriz Senovilla. Vino a sustituir  a Doña Carmen Coloma, casada  con D. Julián. D. Julián estaba de maestro de San Cristóbal de Cuéllar, y  diariamente, mañana y tarde, subía y bajaba caminando hasta su trabajo.  Yo le recuerdo perfectamente, pues todos los días pasaba por la puerta de nuestra casa en la calle de La Fragua. Era una persona alta que caminaba bien erguido y ligero. La estampa que se me quedó grabada es de verle con un paraguas de la mano, como si de un bastón se tratase. 

    La casa de los Maestros, entonces perteneciente al Ministerio de Educación, de la cual he hablado hace unos días, era la que acogía las viviendas de estos maestros. 

    En los primeros años que Fuencisla estuvo en Vallelado, las aulas o clases del colegio, estaban separadas por sexos; en unas estaban los niños y en otras solo niñas. Fuencisla  estuvo el primer curso con niñas mayores, de hasta los 14 años, que es cuando se terminaba la escuela, y luego con niños de primer y segundo curso, los más pequeños, ya sin distinción de sexo en las clases.

Curso 1985-1986

    Recuerda todavía cuando una de las escuelas estaba en el primer piso de la Casa Grande, entonces Cuartel de la Guardia Civil. La entrada a esta escuela era por la calle Las Mochas, muchos todavía lo recordarán. Mas tarde tiraron la vieja escuela que estaba un poco más abajo en la esquina de la calle de Las Mochas con la Calle del Molino. Esta escuela tenía adosada una casa para el maestro, en la que vivió D. Saturnino, unos años antes. Allí se hizo una escuela nueva, donde paso a dar clase, suprimiéndose el aula de la Casa Cuartel, o Casa Grande. 

    Casi todo el tiempo que Fuencisla ejerció en Vallelado, estuvo acompañada de sus padres, ya mayores, a los que tuvo que atender y cuidar. En la antigua Casa Grande, en la parte baja había dos viviendas separadas de lo que era el Cuartel de la Guardia Civil. En una de ellas, habitaba Demetrio el electricista, con su familia. En la otra también vivió un tiempo Fuencisla con sus padres.  En agosto del año 2001, Fuencisla se jubila y finaliza su carrera de maestra, pero continúa con su vida, bien integrada en el pueblo y colaborando en todo lo que podía en la parroquia.

    Fuencis es una persona muy religiosa, y desde el primer momento quiso colaborar y ayudar en la iglesia, y en los distintos actos litúrgicos. Por entonces estaba de sacerdote en Vallelado D. Serafín, que vivía con su hermana María, con quien Fuencis entabló amistad. María le presentó a tres chicas de su misma edad para que pudiera socializar e integrarse. Estas chicas eran: Nati Cuéllar, Ana Mari Baeza y Conchi del Ser. Conchi llegó a ser su mejor amiga, y juntas vivieron, como si fueran hermanas, una vez que fallecieron los padres de Conchi, y  su hermano Alfredo. Como siempre estaban juntas, muchas personas que no las conocían mucho, pensaban que verdaderamente eran  hermanas.

    Enseguida que llegó a Vallelado, se instaló y decidió traerse a sus padres, a los que ya tenía que atender y  cuidar, pues era hija única.

     Su padre, Clemente, fue Guardia Civil durante 30 años, coincidiendo en los años tristes de la Guerra Civil. Estuvo destinado en Cantalejo durante varios años y luego en la capital de la provincia. Era una persona muy abierta y enseguida tomo contacto con los hombres de su edad. Le gustaba salir al campo, en el tiempo de la recogida de setas, pues las conocía perfectamente, y también a cazar ranas por los caces, cuando entonces tenían agua. Recuerdo que tomo una gran amistad con mi abuelo Ignacio, e iban juntos a buscar setas a las eras. Recogían las sabrosas setas de cardo, que en aquellos años casi nadie conocía, por lo que muchos no se atrevían a recolectarlas. Mi abuelo Ignacio nos llevaba alguna vez a casa estas ricas setas, y haciendo honor a la verdad diré que no las comíamos por miedo a que fuesen tóxicas. Lo que nos perdimos, pienso ahora, de no confiar en un experto que era el Sr Clemente, que enseñó a muchas personas a distinguir este manjar que teníamos allí mismo.

    Como anécdota, me cuenta Fuencis que a su padre le gustaban mucho las ancas de rana. Otra rareza que aquí no conocíamos, y que para él era un manjar. Una vez, estando cazando ranas por los caces, cuando estos tenían agua hasta en verano, resbaló y cayó en uno de ellos. Resultó que por allí cerca estaba trabajando mi tío Mariano, quien le auxilió y le trajo a casa en el carro. No fue más que un susto, pero el señor Clemente llegó bien mojado. En esta ocasión las ranas croaron tranquilas durante un tiempo.

     Actualmente, y  desde el año 2020, Fuencis está en la Residencia de mayores del Alamillo de Cuéllar, perteneciente a Caritas Diocesana de Segovia, con los achaques propios de su edad, 85 años. Las niñas y niños a los que enseñó y educó, guardan un bonito recuerdo de Doña Fuencis. Sigue estando en contacto con su pueblo, Vallelado, por lo que no le faltan visitas cada día, bien de compañeros de carrera o de sus alumnas y vecinos. 

    En la institución donde ahora reside estuvo también Conchi del Ser, con quien compartió una buena parte de su vida. Conchi falleció en enero de 2024. 

Doña Fuencis con un grupo de sus antiguas alumnas en la bilbioteca en 2024

    Al poco tiempo de inaugurarse la biblioteca de Vallelado, Fuencis tuvo la bonita deferencia de regalar para la biblioteca de su pueblo, algunas estanterías de madera que tenía en su propia casa, y que ya no utilizaba. Un gran detalle por su parte.

    Mi más sincero agradecimiento a Fuencis por haberme facilitado estos datos de su vida, para poder realizar este sencillo artículo.

    Deseo, que este sea mi homenaje a una maestra que con ilusión y cariño realizó este bonito trabajo de enseñar a los niños, para que un día estos pudiesen ser personas de provecho y de bien en la vida. Gracias de todo corazón Fuencis.