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miércoles, 18 de marzo de 2026

MARIANO (MANETE), EL ULTIMO PIÑONERO Y CARAMELERO DEL HENAR



 Fachada del Santuario Mariano del Henar

   Ángel Fraile

    El Santuario de Nuestra Señora del Henar, es una seña de identidad para toda la comarca cuellarana. Hace ya unos años que los últimos frailes Carmelitas, dejaron el santuario, ya debido a la edad y al no haber relevo generacional o vocaciones. Nuestra Señora del Henar, es la patrona de la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar, que comprende 36 pueblos de las provincias de Valladolid y Segovia. también es patrona de los resineros, un oficio que fue muy importantes en muchos de estos pueblos, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX. Ahora todavía existe algún resinero en esta Zona de Pinares, pero ya con otros métodos de trabajo no tan duros.

    Actualmente el Santuario se va manteniendo con ayuda de voluntarios y con los sacerdotes de Cuéllar, que acuden a celebrar misa, ayudados por D. Maximiliano Barrio, natural de Cuéllar y que acude todos los domingos y fiestas, desde Valladolid, a celebrar misa a las 12:30. Todos los días festivos del año se acercan al Henar cantidad de devotos venidos de toda la comarca, sobre todos en los meses de primavera y verano, cuando hay muchas personas de vacaciones. Actualmente hay una religiosa que es la encargada de cuidar el santuario y de atender a las personas que se acercan. La venta de recuerdos, la llevan voluntarios de la zona.

A la puerta del Santuario

 Una persona que no falla, ningún día festivo, y ya desde hace mucho tiempo, es Mariano Ortega, por todos conocido como “Manete”. Es natural de Vallelado, y allí frente al mismo santuario está con su puesto de piñones, obleas, avellanas y un sinfín de dulces para todo el que quiera. Mariano lleva desde hace 50 años acudiendo puntualmente, por lo que todos le conocen y se acercan a saludarle, y si además le compran algo, pues mucho mejor. Manete tiene muy buen humor y no le importa ni el frio ni el calor, porque lo hace con gran ilusión. Me cuenta, que cada día que acude, antes de que empiecen a venir los visitantes, lo primero es dejar la furgoneta en el lugar de siempre y dirigirse a la iglesia a visitar a la virgen. Después, abre la furgoneta, extiende un toldo que tiene adaptado y pone el puesto con sus garrapiñadas, avellanas, piñones, obleas, y pastas elaboradas en la zona, etc. De cara a la fachada del santuario, y desde allí divisa a todos los que acuden. No falta nunca gente que se acerque, bien antes o después de misa. Los abuelos  acuden con sus nietos, y los padres con niños pequeños, sobre todo en el buen tiempo. Se acercan a comprar algo para ellos; no faltaba más. 

    Recuerda Mariano con cariño, las últimas visitas pastorales, del obispo de Segovia, D. Luis, que  estuvo saludándole y charlando un momento con él. 

    Estamos en la llamada Tierra de Pinares, por lo que el rico fruto seco que se extrae de las piñas albares se ha consumido frecuentemente de manera tradicional por todos los pueblos, y en todas las festividades que se precien, y como no también en el Henar. Recordamos con cariño a aquellos piñoneros que iban con su criba y unas medidas de madera vendiendo el sabroso fruto seco, hoy casi prohibitivo por su gran precio. El rico piñón tostado hacía las delicias de todos los que les probaban. 

    Por cada bolsa o media de piñón te daban la chapita metálica para poder abrirlos sin problema, y si no con una navajilla, que también podías comprar en la sala de recuerdos del Henar. 


    La tradición de los carameleros en las grandes festividades del Henar viene de muy antiguo, pero los nuevos tiempos han hecho que esta costumbre se vaya perdiendo. 

Mariano en su puesto, en el Henar

    Ahora, en el día grande  de la celebración del Henar, en el mes de septiembre, acuden distintos comerciantes que ofrecen  todo tipo de artículos y viandas, en los alrededores del santuario. Los nuevos tiempos traen nuevas costumbres, pero seguimos recordando aquellas con cariño cuanto éramos niños e íbamos con nuestros padres y abuelos, viajando en carro, que era el vehículo más habitual. 

    Uno de los últimos piñoneros que hemos conocido, ya hace unos años, ha sido Valerio San Miguel, natural de Mata de Cuéllar. También vendía otros frutos secos típicos en las fiestas del Henar, como eran las ricas avellanas tostadas. 

Valerio San Miguel, con la criba

Medidas tradicionales para la venta de piñones